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La paradoja de la IA: Premia la experiencia, pero cierra el camino para tenerla

En el marco del Día Internacional del Trabajador, vale la pena intentar responder una pregunta que ha estado latente desde el lanzamiento de Chat GPT: ¿Cómo está impactando la IA el trabajo y cómo lo seguirá impactando en los próximos años?


Hay muchas predicciones sobre lo que podría pasar, pero como el futuro es tan incierto y cambia tan rápido, prefiero anclarme en datos del presente, observando lo que está sucediendo hoy y lo que puede significar si se magnifica en el futuro.


Hay un rubro donde el impacto ha sido más evidente, porque es donde la IA y los agentes de IA han avanzado más: el desarrollo de software. Hace apenas cinco años era la carrera más recomendada, con empleo bien remunerado prácticamente garantizado. Hoy, es uno de los rubros más golpeados. Según datos publicados en febrero de 2026 por el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, los recién egresados de ingeniería en computación en los EEUU tienen una tasa de desempleo del 7.8%, la segunda más alta entre todas las profesiones medidas y casi el doble del promedio general de 4.2%.


Esto es consecuencia directa del enfoque que empresas como Open AI, Google y Anthropic han dado a sus innovaciones. El desarrollo de software tiene lenguajes precisos, librerías públicas y reglas claras, una combinación ideal para entrenar a sus modelos de IA. Además, es un rubro donde el talento es escaso y costoso, lo que hace aún más atractivo implementar herramientas que eleven la productividad. Por eso, han surgido agentes como Claude Code, capaces de conectarse al ecosistema de una empresa y sus repositorios de código para ejecutar flujos completos de escritura, integración, pruebas y documentación de código. El resultado directo de la implementación de estos agentes, es que ahora los equipos de tecnología necesitan menos talento de entrada y los perfiles senior pueden producir mucho más, supervisando a equipos que combinan humanos y agentes de IA.


Que las tasas de desempleo juvenil se estén duplicando entre ingenieros de computación no es todavía una crisis masiva. Son un porcentaje muy pequeño de la población y, en general, personas con alta capacidad de migrar hacia otras profesiones. Sin embargo, el problema será mucho más serio cuando esta tendencia de reemplazar al talento junior se expanda hacia profesiones administrativas más comunes, como finanzas, marketing o recursos humanos. Todo parece indicar que eso va a suceder, y más rápido en los países donde el talento humano es más costoso.


Un estudio de noviembre de 2025 del Laboratorio de Economía Digital de Stanford, encontró que desde finales del 2022, justo cuando se lanzó Chat GPT, se ha visto una caída del 16% en el empleo de los trabajadores jóvenes en ocupaciones más expuestas a la IA.


La prioridad actual de las empresas es la adopción de IA y el reskilling de sus trabajadores para elevar la productividad. Y cuando lo logran con éxito, la consecuencia inmediata no es tanto despidos masivos, sino lo que muchos economistas llaman el "big freeze", la gran congelada. Las empresas no están despidiendo tanta gente, simplemente están dejando de contratar. 


Lo que esta tendencia está generando de forma silenciosa es un problema que pocas organizaciones están mirando de frente. La desaparición del talento junior no solo afecta a los jóvenes que no consiguen empleo, afecta también a las propias empresas que en cinco o diez años buscarán profesionales con criterio, contexto y juicio acumulado, y no los van a encontrar con facilidad. El conocimiento tácito, ese que no viene en ningún manual, ni lo genera ningún modelo de IA, se construye haciendo, equivocándose y siendo guiado por alguien con más experiencia. Si cerramos la puerta de entrada, no hay relevo. Y sin relevo, no hay futuro organizacional. Esta es la paradoja que las empresas, los gobiernos y las instituciones educativas deben empezar a resolver hoy, no cuando ya sea evidente.


Las consecuencias de una generación joven inconforme pueden ser amplias. El estallido social que vivió Chile hace unos años es un claro ejemplo. No hace falta esperar a que algo así se repita para actuar.

Y mientras las grandes soluciones aparecen, a los mismos jóvenes y familias les toca decidir qué hacer. A quienes me preguntan qué estudiar, yo les recomiendo priorizar profesiones donde el valor no esté en lo que se hace frente a una pantalla, sino en la relación con otras personas o con bienes físicos de alto valor y variabilidad. En el mismo estudio del Fed de Nueva York, enfermería presenta una tasa de desempleo de apenas un 2.1% e ingeniería civil del 2.3%, dos ejemplos de profesiones con mucho menor riesgo de ser altamente desplazadas por la IA.


Este artículo fue publicado como columna de opinión en el Diario Gestión el 5 de Mayo de 2016


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